Paquito

 

El ser humano ha rechazado con frecuencia, aquello que simplemente es “distinto” a lo común

   Mis conversaciones con willy últimamente son la mayoría de mi niñez, porque, como dice un amigo mío; que parezco ya un fantasma, ellos arrastran las cadenas, yo ya, arrastro años.

   Paquito me asustaba, yo tenía unos siete años, bueno nos asustaba a todos, siempre que jugábamos en la calle al futbol, hacíamos porterías delimitándolas con piedras y rebuscábamos horas que él no estuviera.

   Pero el estaba continuamente dando vueltas montado en su bicicleta.

   Cada momento, que salía con mi siempre flamante cartera, para ir a clase, allí estaba él,  fuese tarde o mañana, a cualquier hora del dia. lo recuerdo perennemente así.

   Yo, con mis pocos años no entendía que le pasaba, el solo daba giros y vueltas, a mi calle, no elegía otra, pues vivía en la esquina de la misma y además era ancha, allí continuamente jugábamos todos mis amigos, cuando el nos dejaba, claro.

   Yo le tenía miedo. Paquito era grande, todo él y encima acoplado en su bici lo parecía mucho mas, además nunca se bajaba y parecía superior a todos nosotros, el nos miraba, riéndose continuamente pero nunca dejaba de dar giros y rotaciones con su inseparable bici.

   A Paquito y " unido" a el continuamente le acompañaba un perrito pequeño de raza incierta y siempre, detrás de la bici, o encima de su hombro, y así la calle se convertía en un circuito casi  privado para el, donde al cabo del día daba sus interminables e ininterrumpidas vueltas.

   Y  por fin una día “comprendí” que él así era feliz, o al menos a mi me lo parecía, dentro de mi bisoñez infantil.

   Con mis orejas de soplillo, mi flequillo rectilíneo, mi pelao a lo tazón, mis gafotas de nácar y mi bocata de pan con chocolate en mi cartera, mi    merienda diaria, me dirigía a mi insti casi siempre con pocas ganas, lo mío era jugar al balón en mi calle con mis amigos.

    Pero cuando volvía Paquito ya estaba allí, parecia queese era " su habitat natural".

   Algún día me acercare a ti, pensaba, mientras lo observaba detrás de mi enrejada  y segura ventana.

   Pero nunca me aventuré hacerlo.

   Aquella fue un tiempo turbio en todo.

   Paquito es subnormal, remachábamos continuamente todos los amigos y no le dábamos más importancia.

   Paquito, como casi todos ellos estaban marginados, se escuchaban miles de historias, de los “tontos del pueblo” y para ser sinceros eran casi todas verdad.

   Marginados y risas por doquier a costa de ellos; los tontos.

   Pero era una historia que no iba conmigo.

   Y así pasaron los años y yo “desaparecí” de la calle y del pueblo, pero Paquito no, cada vez que disfrutaba de mis vacaciones, lo volvía  a ver, el continuaba allí, con sus vueltas y más     vueltas, su inseparable bici y su fiel perrito y con su eterna sonrisa, pero yo seguía receloso hacia él, le tenía  miedo; desconocía e ignoraba todo de él.

   Por eso siempre me quedo la duda.

   Luego con los años, comprendí al atreverme a observarlo, que era totalmente inocente, el estaba en “su mundo”, un universo en el que él habitaba radiante, totalmente feliz.  “a su manera”.

   Pero yo, aunque me desarrollé en años, no lo hice en conocimientos hacia ellos, no me gustaba encontrármelo por “su calle”, seguía teniendo una  desconfianza sublime hacia él.

   Con el transcurrir de los  años y acontecimientos  un día cayó en mis manos un libro, de entre los muchos que he leído, que llamó mi atención y me retrotrajo aquellos años de niñez.

  Y me “empape” de el.

  “…En la Edad Mediaépoca de fuertes contrastes existía una casi total incultura en algunos, yo diría que en muchos temas; lo distinto era aterrador, anormal, satánico, diabólico y por ende iba contra natura, en contra de los designios divinos.

  Los pelirrojos, por ejemplo, eran entre otras cosas tachados de viles, fruto de uniones sucias siendo a menudo ejecutados en  diferentes momentos y lugares, en hogueras públicas.

  Mi pensamiento en aquellos momentos se parecía a esa época, oscura y tenebrosa.

  Y con los años advertí también que éramos malvados, que siempre lo hemos sido a eso que se dice “diferente a lo normal.”

  Hace ya muchísimos años que no veo a Paquito, ya tendrá canas, seguro, y otro “animal” su madre me decía que era un gran amante de ellos.

  Alma blanca.

    A veces, solo a veces, con la tranquilidad, el equilibrio, la calma y el sosiego que te dan los años, desearía pedirle perdón a Paquito, no por el daño causado, que nunca se lo hice, si no por mi ignorancia supina y sobre todo por no querer acercarme a un alma limpia como era y sigue siendo el.

   Mi vida, a veces rota por la ansiedad y por otros momentos tenebrosos vividos, ya henchido de risas y a veces pulverizado también de llanto, recuerdo en estas noches colmas de fantasmas, que revuelven el pasado, de aquellos años, de jugar al gua, de mis compañeros de insti y de ese “ amigo callejeril”; Paquito.

   Aunque Paquito “desapareció” de mi vida, y con ello se desvaneció mi miedo, emergieron otros; estos reales, malvados, intratables y concubinos  que aun hoy persisten, producidos por personas a las que llamamos “normales”.

   Y  a veces si y otras no, mi vida transcurrió entre el recuerdo de mi niñez, mis bailes y canciones de juventud, con las que ciertas  veces me ilusione y otras me enamore, pero el recuerdo de Paquito con su inseparable perrico al hombro, estaría siempre presente en mi.  

   Mis recuerdos cuando afloran, a veces me entristecen, recordando entre otras muchas canciones una de Perales, que decía:

Prefiero la luz del sol

Al negro de una mirada

Prefiero una risa blanca

Al dolor

Prefiero ser soñador

A ser matador de sueños

Prefiero volar

 

 a ser cazador

Prefiero un vuelo blanco de palomas

 

 

 

   Y seguí existiendo...

   Y mi vida sin querer dio un vuelco y se desvió hacia unos derroteros jamás imaginados por mí.

   Un vuelco descomunal, que penetro en mis entrañas.

  Y termine otra etapa, y eso que se llama destino, me llevo hacia una nueva y singular vida. 

  Y  retorné a leer un libro tremendo, que me desatranco de mi ignorancia y desde ese mismo momento, me atreví acercarme a ese mundo tan desconocido para mi, y que ya creía tener olvidado.

   "Los renglones torcidos de Dios".

    Este libro  “volvió” de nuevo a recuperar mis recuerdos, mi calle, Paquito, su bici, su mundo… .

   Y mi vida “anterior” no fue fácil, aunque escape de ella.

   Y otra de esas noches, malvadas, en las que la lluvia arrancaba a los campos sus prominentes hierbas, embarraba caminos sin asfaltar, oscura como las tinieblas llenas de desconfianza y sospecha; ocurrió.

  Bajo esa lluvia salvaje, pero deseada, me vi apretando una silla de ruedas de una niña de esas como Paquito, que llamábamos subnormal, allí estaba yo, y maldije la imbecilidad que se me había ocurrido hacer.

  Y me consentíel fin de semana más feliz de toda mi vida, rodeado de subnormales; y mi mente volvió a resonar con la presencia de Paquito.

  Y ya no escape de ese caracol que me envolvió entre babas sabrosas, risas brillantes, almas blancas y corazones limpios.

  Y después con el tiempo, mi profe, me instruyo que Paquito, mi vecino, era un niño, con un síndrome posiblemente severo, de conducta repetitiva, con un aislamiento social, o sea autista.       Paquito no es que no quisiera  relacionarse, si no que no sabía hacerlo.  

  Perdón de nuevo Paquito, ahora te clasifico mejor; eres mejor, mucho mejor de los llamados normales.

  Mi primer abrazo a Paquito se lo di, ya exhibiendo los dos canas al lado de nuestros apéndices orejiles, lo mire, ya sin temor y me abrace a el.  

Perdón Paquito le dije.

Su única respuesta fue “dejarse hacer”

Lo mío fue, o intente, procurarle un gran abrazo de oso.

 Su madre me escudriño con una mirada atenta y asombrada, miró y lo único que reparó en mi, fueron unas lagrimas que rodearon mis mejillas, y se atascaron bañando mi ya canosa barba, ella seguro que nunca adivinara que eran de emoción.

 Y Paquito siguió transitando, yendo y viniendo por el pasillo de su casa, ya su madre no le dejaba salir a la calle, a esa calle ancha, antes tranquila, serena y llena de pasividad; ahora es diferente, me expresó.

 Y Paquito como todos envejeció. 

Y rememorando mi niñez y recordando aquellos años, tintineó el teléfono.

¡Soy Miguel ¡.

 Miguel es el padre de Borja, a veces tenemos pequeñas discusiones, diferente visión, de lo que para él es tradición, para mi es simplemente tortura y asesinato, como en aquella época tenebrosa e ignominiosa y de gran incultura.

 Evolucionemos, ya no estamos en la Edad Media, en esa etapa tenebrosa de donde provienen algunas sangrientas tradiciones que a este país no le dejan avanzar en el derecho que tenemos todos y cada uno de los seres vivos. 

Y así a veces nos pasamos horas, cada uno defendiendo sus propios argumentos.  

Llame a Borja.

Olo, yoy Orja. (Manolo soy Borja)

-Vamos a comer Borja?

Olo oy sooool (Manolo estoy solo) me responde Borja, Apa, aa toos (papa está en los toros)

Llamo a Miguel, me dice que está disfrutando con el toro enmaromao de su pueblo.

Hay miles de jóvenes, escucho al otro lado del móvil.

Me gustaría que donde hubiese miles de jóvenes fuese en las bibliotecas de Castilla La Mancha. 

Es una de las Comunidades más incultas de España y donde mas se subvencionan las corridas de toros.

Me parece uno de los anacronismos que quedan todavía de aquellos años oscuros de brujas, donde se quemaban herejes en la plaza del pueblo y la gente aplaudía al son que marcaba la Inquisición. Época tenebrosa.

Es tradición, me contesta el

No discutamos...

Bueno me llevo a Borja a comer, le comento a su padre.

Y yo con el brazo sobre el hombro y orgulloso de Borja un chico con “capacidades especiales” como se dice ahora, camino y visitamos un comercio de ropa deportiva, luego nos dirigimos a un centro comercial, atraemos miradas todavía en este siglo.

“Atrasados mentales, pienso”.

Y nos siguen mirando con el rabillo del ojo; es diferente, pensaran.

Bueno, pero nosotros riendo y vadeando este mundo que sigue sin querer enterarse que los diferentes son ellos, somos todos nosotros.

Que yo he  acreditado verdaderos momentos de felicidad, junto a ellos.

Y mi mente se retrotrae  a la noche que los conocí.

Pero hasta que me embutí con ellos, en sus juegos y travesuras, llantos y sollozos, juegos y verdades, no conocí realmente lo que eran corazones blancos y sentimientos henchidos de apego y devoción.

Verdadero amor en plena ebullicion.

 Y ahora Borja,  toca comer.

Soy monitor de ocio y tiempo libre de personas con discapacidad, de personas como Paquito.

Y Borja es mi ahijado.  

Con ellos, con mis chicos “especiales”, me considero la mejor persona del mundo y con ellos, junto a ellos, compartiendo con ellos, yo también me siento “especial”.

Y mis lagrimas en forma de gotas de lluvia me vuelven a recorrer mis mejillas; Si me viera Paquito….

Y  me enseñaron que estas personas se llaman ahora discapacitados o con capacidades especiales.

Me da igual como se llamen, o como les llamen, lo único que sé es que ellos, todos, han cambiado mi vida y ya sería diferente, si de vez en cuando no comparto su mundo, un mundo sin el cual el mío hoy en dia ya no tendría sentido.

En el mundo de estas personas con especificidades especiales no existe la violencia, la tortura, la sangre, que a los que nos llamamos normales tanto atrae y nos deleitamos y regocijamos ver como esta  pegajosamente se desliza de un cuerpo de un animal inocente para finalmente “esconderse” entre la arena, para vergüenza de todos los que se complacen con ello.

Pero eso si, muchos de ellos se llaman así mismo cristianos.

Y se consideran personas racionales.

Me quedo con Paquito, su perro y su mundo

Y mañana será otro día, esperemos que con menos violencia; yo volveré a reír con Borja, con Ana, con Luis y con tantos otros, prefiero su mundo, estar inmiscuido en el, prefiero ese mundo especial de ellos, al de los “normales”. 

Paquito, me dijo su madre, se morirá con un perro a su lado, ya no tiene bici, es mayor, eso si él y su perro, su perro y el, son inseparables.

Paquito da miles de vueltas al pasillo diariamente.

Y me quedo mirando a Paquito, bueno mejor diría que lo sigo con la mirada, el no para:

“Ahora que conozco este mundo, he deambulado por el, conozco sus miserias, sus atrocidades, conozco el mundo de los mortales, me quedo con el tuyo…y el de Borja

Paquito nunca encontró un centro adaptado a el

Para pensar

En España existen más de 350.000 niños autistas, con poquísimos profesionales a su cargo y aulas adaptadas. para ellos.

 

PD. Año 2103. TVE, despilfarra EN SUBVENCIONES  a un programa de toros, tendido cero, con un mínimo de audiencia, UN MILLON de euros CADA AÑO.

 Año 2014. Las familias con miembros con discapacidad denuncian que las ayudas públicas se han reducido drásticamente.

Y me viene a la memoria, una frase de un rey famoso por su despotismo; “Al pueblo para que se olvide que no tiene que comer; toros.

Caminamos de nuevo a pasos agigantados hacia la Edad Media, Willy 

Y nos dormimos y sueño con Paquito y su mundo, que ahora tambien es el mio.

Y Willy en la alfombra; me despiertan sus quejidos.

Que estará soñando él.