Un hombre solo.

 

 

 Las Palmas de Gran Canaria, finales de los años 70.

El mayor Don de una persona es el amor, y vosotros  estuvisteis, llenos de odio.

  Aquellos tiempos. Eran; otras epocas, diferentes,pero jamas añoradas.

  La noche es triste, especial para soñar, y recordar, unos recuerdos amargos, pero llenos de humildad, de antipatía hacia seres ya partidos; pero de perdón, sin resentimiento ni aversión.  

  Hace ya años, muchos años, ya soy mayor, muy mayor, me encerraron en una celda; solo, al momento me imagine que era un ermitaño, a los dos días, de mi “estancia” llena de dolor por todavía no entender nada, me tupieron las ventanas para que soñase con la luz del sol, quien lo hizo era un hombre ignominioso, infame; era malvado.

  Eran otros tiempos, cosechas de penurias sufrimiento y acoso.

  No vi el resplandor del astro durante más de sesenta días, solo me “indultaban” una hora, era la de la comida, y el Sol me acariciaba mi tez de corcho con subliminal rabia.

  Cuando me ennoblecía, mirándolo con mis ojos entornados para no dañarlos, era en “compañía” de  un hombre pesaroso de su misión, era esta, la hora de comer, y aquí éramos tres, el "otro" un Z-70 que “arrastraba al hombro mi acompañante forzado” continuamente detrás de mí, a veces le decía; ten cuidado que las armas las carga el diablo, algunos eran unos verdaderos inexpertos y yo………estaba “retirado temporalmente” pero deseaba salir con vida de aquel agujero……………..y a veces temía no conseguirlo.

  Y en aquellas jornadas interminables, soñé con la libertad, y con aquella frase que un día en mis años mozuelos, recostado bajo la sombra de un olivo y leyendo el Quijote, decía:

  “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".

  Aquellas oscuridades eran tristes y  eternas, debajo de una litera llena de vida y fogosidad, ellos eran los únicos que me acompañaban, seres diminutos y alegres, disfrutando de mi “amable” y despoblado destierro; tinieblas  sombrías, que me hacían “reír” y pensar, que aquello no sería eterno.

  Y no lo fue.

  En aquellas noches llenas de sombras soñé con mi libertad, por luchar por ella sin violencia, pero con pasión, sin odio, pero sin olvido, con vehemencia pero sin rencor.

  Ahora, con el tiempo ya cansado encima de mí, recuerdo sin olvidar, que aquellos fueron años de lucha y de pasión, de odios y de tristezas, de caminos sin fin y de esperanzas por llegar.

  Y entre aquella soledad imnoble recorrida de sombras y congoja, empezaron a surgirme, en mi todavia angelical tez, lo que mi profe de geografia allá en mi niñez llamaba "los surcos de San Pedro". Estos ya nunca me abandonarian.

  Corrían los años finales de los setenta, años convulsos, de cambio, de ruindad, de cloacas, de malicia, de  lujuria mal entendida, de ojos malvados y rencores atrasados, eran años para temer, eran tiempos para esconderse.

  Y yo queriendo cambiar el mundo, no habiendo todavía cumplido los queridos y ahora añorados veinte años; imberbe de mí.

  Hoy en día con la serenidad y el sosiego  que da el tiempo transcurrido, con el odio ya trasnochado, intento, miro y decido “juzgar” a mis verdugos de aquellos años, con toda la equidad que dan las canas que ya afloran en el espejo, cuando ojeo con detenimiento esta cara ya cansada, llena de recuerdos, pero todavía con los mejores años por acontecer.

  MI abuelo, cuando con mi recién estrenado “flequillo a lo tazón” me escondía entre sus piernas, soplaba y me decía.

 Escucha Manolillo; Esto es la vida; y soplaba y soplaba.

  Un niño de siete años solo quería en aquellos tiempos jugar al aro, a los santos y colecionar y cambiar canicas, para luego jugar al guá.

  Y yo no entendía nada,de eso del soplo; hoy en día aflorando los recuerdos, se lo que me quería transmitir.

  La vida; Esta es un soplo, una exhalacion, un pequeño y prolongado suspiro, pero nada mas.

  Y ya casi ese soplo, ese halíto está llegando a su fin y por eso no me atrevo a calificar, atribuir ni reputar, ni nunca lo hare, a los que me extrajeron años de mi juventud, el gozo de querer y tiempo para soñar.

  Hubo un espacio que odie, y hasta quise extinguir a los que me causaron ese daño atroz. Ahora con la tranquilidad y el sosiego del tiempo pasado, pienso que lo mejor es olvidar, arrinconar  y perdonar; esos eran, otros tiempos, convulsos, mediocres y atroces.

  Pero el tiempo, era como mi abuelo decía, un viento rapido y fugaz y este pasaba y nunca se detuvo y jamas lo hará y los recuerdos perduraron, y a veces el odio carcomía  y este es cruel, y a ciclos deje de vivir, y solo me dedique a  existir.

  Y deje con tristeza ese espacio de luz y de vida, y transcribí recuerdos a otros lugares, y empecé a querer y a soñar de nuevo, y desterré mis lloros, y deseche rencores.

  Y el miedo y la tristeza se adueñó de mí y conocí otros mundos y recorrí el rencor y soñé con odios y viví destrozos y me imbui de sangre, y recordé la luz, y los días en soledad, e intente volver y me inmiscuí del miedo y empecé a “vivir”.

  Miro a Willy y lo exhorto a dormir; y el feliz, en su mundo, me mira y se tumba, eso si, como siempre se acurruca encima de mis pies………. que no le falte mi calor…………….y yo se lo retribuyo, y le digo entre susurros; “yo también deseo el tuyo”.

  Y la noche me mira y me invita a seguir..............

  Pero esa otra será separada, llena de más empatía que esta que queda atras, los recuerdos y las alimañas vuelven y empiezan de nuevo aflorar . 

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