Cuando Paco encontró a Poker

 

Cuando Paco encontró a Póker

Por una decisión irresponsable, Luis, se labró su propio destino: el precipicio. Aquel perro…

Desde aquella maldita decisión, la relación con su hijo Eneco se fue deteriorando, se convirtió en fría y distante hasta quedar en algo residual. La ruptura de su matrimonio vendría a los pocos meses. Y para finalizar las próximas vacaciones, ya en solitario, ocurrió aquel fatídico accidente esquiando. La cojera seria su compañera irreversible de por vida. Las conversaciones de Luis con Morfeo eran cada vez más efímeras. El sueño se le esfumaba por momentos. Desde aquella noche aciaga de navidad su vida había dado un giro inesperado. Las únicas sonrisas no forzadas las distribuía entre sus inseparables amigos de cuatro patas. Desde hacía ya casi dos años Luis mantenía la rutina diaria de visitar la perrera de su ciudad. Y contribuía con una cuota mensual a mantener en mejores condiciones los perros abandonados por sus congéneres. A veces, por su casa pululaban perros de acogida hasta que encontraban un hogar.

 

Noche de Navidad - N- II – 1.30 -PM

Del viaje que realizaron a Madrid no hubo que destacar nada reseñable. Trámites burocráticos y de vuelta a la frontera de Dancharinea.

El retorno a la frontera, comenzó con el saludo cansino del astro diurno a su compañera de relevo. El espectáculo se apreciaba agradable a la vista de los componentes del coche “K”.

Una intermitente, pero espléndida luna llena, se escondía entre nubes espontaneas que hacían presagiar una noche desangelada. El tráfico ausente de la carretera aligeraría la vuelta, y el ronroneo del vehículo con su calor hacia el interior mitigaría el frio.

Pero una especie de niebla repentina sobre el capo del coche nos hizo amortiguar la velocidad del vehículo. Un manguito de la calefacción parece que había llegado a su término en el momento que más se requería su funcionamiento. Este, se negó a proteger el habitáculo del vehículo en la heladora noche. El viaje nocturno se presentaba congelador. El empañamiento de los cristales nos recordaba continuamente la ausencia de calor en su interior.    

Las luces nos anunciaron la cercanía de una gasolinera. Allí degustaríamos ese primer café que mitigaría el sueño. Los 500 km que nos restaban no se presagiaban muy halagüeños. Pues el manguito definitivamente destrozó cualquier esperanza de una solución para que el viaje restante aligerara el cansancio.

-Cafetería cerrada-, leímos.

Nos embutimos en unos confortables abrigos y nos acomodamos en el coche dispuestos a proseguir los kilómetros restantes de la ruta.

Antes de volver a la carreta las luces del coche lo iluminaron. Allí estaba atado y ensombrecido entre zarzas.

 -¡Espera, espera, le chille a mi compañero¡, no arranques. Es un perro, parece que el día de Navidad tampoco hay caridad hacia ellos.

El resto del trayecto lo hicimos entre refunfuños de mi amigo y la compañía de un perro abandonado, con su mirada asustadiza, pero agradecida.

 

23.30 –AM. Noche buena - Un pueblo del norte de Madrid

La temporada de esquí estaba en su punto álgido. El matrimonio, pasaría el día de Navidad esquiando, como cada año.

Las discusiones se habían convertido en habituales., desde el momento que Luis cedió a lo que él creía que era un capricho de su mujer y su hijo Eneco. El puto perro, como él lo llamaba, se había convertido en un estorbo.

  -“Cuando se cansen, que ese día llegará y pronto, le darán por culo al puto perro”. Pero ese día se alargaba. Y sus vacaciones navideñas se acercaban. Estaba decidido: no se gastaría nada en una residencia para el puto perro.

_ El perro vendrá con nosotros, alquilé un apartamento donde admiten animales, le dijo a su mujer.

La sencillez de Rebeca, su mujer, no era acorde con el nepotismo de Luis, un hombre con una profesión liberal, pero de continuo a la sombra del despacho de su padre.

Y la discusión ese día volvió a producirse.

-Luis no entiendo como este año has decidido que viajemos de noche. Llegaremos al pirineo a la salida del sol.

  -Ya te lo he dicho, Rebe, temas del despacho me han tenido liado hasta última hora. El viaje será más placentero, Iréis dormidos los tres. El viaje lo haréis más tranquilos.

 

 

Mi amigo Paco

Tras un durísimo examen, Paco recaló en la Unidad que siempre soñó. Formaría parte del equipo Greim de Jaca.

E inicié el viaje para saludar a mi amigo.  Intuía que a Paco le gustaría Póker. Así bauticé al perro que encontré abandonado esa noche invernal de navidad.

Me separaban unas dos horas del pequeño refugio que Paco había rehabilitado, una antigua borda de pastor. Allí se refugiaba mi amigo en sus días tranquilos, para seguir ejerciendo sus dos pasiones: entrenar a sus perros de rescate y devorar la lectura de poesía.

El día de fin de año se presentaba gélido en Jaca. A Paco lo encontré cerca de la borda, esquiando.

“Su compañía embutida en la calma que le caracterizaba, me calmaría de los días apabullantes de trabajo que había tenido”.

Poker saltó como una exhalación del asiento trasero, al ver la blancura del paisaje.

  - ¿Te gusta Paco?  Nos lo encontramos atado en un aparcamiento de carretera, cerca de Guadalajara. Parece joven y pensé en ti para que lo entrenases. No te vendría mal otro compañero para Oso.  

 

Estación de esquí – 8.00 –AM - Día de Navidad

_ ¿Mi perro? preguntó a su mamá Eneco al finalizar el viaje. Rebeca no supo que contestarle: solo lo abrazó.

Las discusiones habituales subieron de tono. Las vacaciones que Luis creyó se presentaban tan amables como cualquier otro año se convirtieron en un sinfín de lloros de su hijo, broncas interminables con Rebeca y de un sin vivir para él.

_Decidido; Nos volvemos a Madrid, zanjó el padre.

 

Pirineo Oscense - Dos años después - Noche de reyes.

La nieve era el mundo de Poker, se convirtió en un aventajado alumno experto en la detección y rescate de personas sepultadas. Con una habilidad increíble para seguir el rastro.   

Ese año la noche de reyes la amenizaríamos charlando junto a la chimenea, al lado de nuestros peludos. Paco y yo, compartíamos el primer café mañanero. Los montes cercanos del pirineo Aragonés nos esperaban con su nieve esponjosa. Póker, Oso y Atóm expectantes.

 Después de varios días nevando copiosamente se había previsto para ese fin de semana riesgo de aludes en toda la cordillera. Paco, aun con su tobillo descansando de una lesión, mantenía su equipo de esquí al lado de la chimenea.

- ¿Te atreves Manuel? Iremos por lugares conocidos. La caminata va a ser dura, pero amena, me relajará mi tobillo y los perros estarán en su hábitat. Aunque este de baja, no deseo perder las buenas costumbres, apostillo mi amigo. En poco más de una hora siguiendo el camino que abrirían los perros estaremos en un refugio de alta montaña, me aseguró.

Pero la tranquilidad fue efímera. Debimos abortar el paseo. Al parecer varias personas esquiando fuera de los límites de pista habían provocado un alud. Una de ellas practicando el “freeride”.

Se requería la presencia de Paco y sus perros en los aledaños del posible lugar del accidente.

  - ¿Paco y eso que es? ignorante del vocabulario del esquí pregunté.

  - El “freeride” es un estilo libre, o fuera de pista extremaQuédate en el refugio – me conminó mi amigo.

Cuatro perros junto con Poker, acudieron en la detección de varios accidentados. El tiempo era escaso para los posibles supervivientes. La ventisca atravesaba el valle con una inusitada rapidez. La visibilidad era escasa, pero el olfato y entrenamiento de Póker, eran infalibles al tiempo y circunstancias de aquella mañana para olvidar. Paco, junto a Póker y sus demás perros eran conocedores de los infinitos valles, riscos y barrancos circundantes  de las pistas de esquí. Mi amigo y sus perros se desviaron del grupo: El experto esquiador intuía lo peor.

Póker olfateaba libre. Paco le seguía. A los pocos minutos, en un barranco inaccesible a los  no conocedores del pirineo, el perro con un gruñido de excitación marcó.

¡Vamos Poker, vamos ¡Paco ayudó al perro a remover la nieve blanda! Los otros perros a su lado, excitados y expectantes. Interminables minutos sin resultado.  Paco junto a sus otros perros siguió incansable junto a Poker retirando el polvo blanco que en pocos minutos sería imposible mover. Sabía que, si Poker había marcado, allí habría una persona.

Y allí estaba: se lo había tragado el alud.

_Oiga, oiga hábleme, hábleme; ¿cómo se llama, vamos dígame como se llama?

Una voz tremebunda e ininteligible se escuchó. Me llamo Luis. Me llamo Luis.

- Sígame hablando, no se duerma. Dígame más cosas de donde es. Siga hablando.

-Me llamo Luis, me llamo Luis, se volvió a escuchar un hilo de voz. Sáqueme de aquí.

Poker seguía excitado, escarbando la nieve. Su olfato nunca le había fallado.

 

Horas después Paco, Poker y sus demás perros, jugueteando aparecieron eufóricos en la borda.

Lo celebramos junto a un fuego, que se negaba a querer adornarnos con sus múltiples colores ese día mágico. Al parecer, unos tocones acuosos no estaban dispuestos a ello. La leña se había humedecido, y el humo copó hasta el último rincón de la estancia hasta hacer irrespirable el interior: reímos.

El nuevo día amaneció regalándonos innumerables grumos de nieve plenos de levedad. Salimos con una sonrisa adornando nuestros casi acartonados rostros, a engullir los pequeños coágulos almidonados. Paco me miró, mientras los perros trataban de atrapar algunos copos de esa materia a veces blanca y a veces cristalina. 

-Mi amigo, con su sonrisa sempiterna en su rostro, me preguntó a bocajarro; ¿Manuel eres cristiano?

No esperó respuesta. Se respondió a sí mismo: sabes, creo que Póker conocía a quien rescatamos ayer. Conozco al perro, su mirada me pareció que fue de agradecimiento al esquiador accidentado.

_Paco le respondí: creo en Dios y en las coincidencias y siempre he creído que el corazón de los animales es noble, no así el de los humanos.

 Paco con un semblante triste y a la vez emocionado me miró.

_Manuel a los perros les dicta el corazón, ellos piensan con él. No conocen la maldad.

 “No me importa quién me hizo daño: solo se amar.”

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Soy un perro

 

La noche de mi despedida, la borda emanaba jolgorio. Observaba con alegría a Paco jugar con sus perros. Poker se mantenía a mi lado. Barruntaba mi despedida.

Atom dormitaba en la habitación contigua. Una mirada afligida hacia un cielo estrellado, me trasladó a una noche heladora tres años atrás, en la carretera nacional ll, en un coche, con la calefacción inservible, en una gasolinera de la provincia de Guadalajara.

Acaricie Atom. Y pensé en el perro que jugueteaba con mi amigo Paco. Era una noche desangelada de Navidad cuando encontre a Poker.

«Los seres más sensibles, no son siempre los más sensatos.»

A mis grandes amigos, Paco y Poker.

 

Poker murió hace tiempo. Paco murió en un accidente de montaña realizando labores altruistas.

 

 

Manu y Klaus

 

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